A la estación de policía...
...Absurda sería cualquier otra opción; debía hacer la denuncia de lo que acababa de pasar.
Pisé a fondo el pedal y procuré que los nervios no me dominaran en mi accionar, si chocaba ahora ¿De que me sirvió entonces escapar?
Me tomó unos veinte minutos llegar hasta la estación. Bajé aturdida del coche y me planté en el recibidor; donde no encontré a nadie.
—¿Hola?—Ni un guardia, ni un recepcionista. No había nadie.—¿¡Disculpe!?
Para cuando comenzaba a perder los estribos, un joven salió por una puerta.
—Oh...—Dijo este sorprendido por mi presencia—Perdone, ¿Ha esperado mucho?
El chico, con el uniforme clásico de su oficio, era más que lindo, adorable. Su dulzura y suavidad al hablar borró el enfado que pudiera tener con la ineficencia del departamento.
—Yo...—Mi torpeza no se debía al hermoso policía, sino a la situación que no terminaba por superar.
—¿Se encuentra bien?—Preguntó, ahora más preocupado—¿Necesita ayuda?
—Intentaron secuestrarme—Dije perdida.
El chico, alguien que seguro atendía situaciones así a menudo, no se mostró muy sorprendido, pero si condescendiente.
—Le tomaré la denuncia ahora mismo, por favor, sígame.—No importaba lo que sucediera ahora, siempre y cuando pudiera estar junto a él. Luego de una situación así, permanecer con la máxima figura de seguridad en la sociedad era lo mínimo que necesitaba.
Lo seguí hasta una habitación pequeña y gris, con una mesa metálica y dos sillas a cada lado. Había también una computadora portátil; un pequeño estante en el rincón con carpeta en tonos azules y un reloj de pared que marcaba erróneamente la hora.
—Por favor, siéntese.—Le obedecí. Tomé lugar en frente de él, quien como primera acción se colocó un cubre bocas en el rostro.—En esta época del año uno es más propenso a enfermarse—Dijo al notar como lo miraba.
No le había cuestionado nada en absoluto, ni siquiera había reparado precisamente en lo que hacía, pero que me lo explicara me hacía sentir más cómoda con él.
—Ya veo.
—Muy bien—Dijo a la vez que levantaba la tapa del portátil—¿Puede relatarme lo que le ocurrió? No escatime en detalles.
Y entonces volví a temblar al recordarlo.
Las imágenes me sentaron peor al recordarlo por segunda vez, noté lo sensible que me encontraba cuando me sobresalté por un sonido de rociador.
—Tranquila, es solo el aromatizador.—Dijo con amabilidad. Busqué el artefacto y lo encontré sobre el estante, era el mismo que el que tenía en casa; aunque el aroma no era de los que conocía y yo aseguraba haber probado todos.—Por favor, comience.
—Oh, sí...
—¿Dónde ocurrió esto?
—En el supermercado, salía de hacer compras y...—Los ojos se me cerraron de una forma abrupta; como si acabara de amagar en dormirme.
—¿Cuál supermercado?—Preguntó mientras resonaba en el cuarto los ticks de su teclado.
—En...Yo... No lo recuerdo.—No podía recordar mucho en ese entonces...¿Qué se supone debía recordar?—¿Por qué estoy aquí...
El cuerpo entero se me ladeo a un costado y, de no ser por la rápida reacción del policía, me habría visto en el suelo.
¿Por qué había un policía ahí?
Cada vez me sentía más perdida y nauseabunda; completamente mareada. No era difícil suponer que acabaría por desmayarme.
En ese momento no lo pensé, pero había sido muy estúpida pues: Un solo policía no podía cumplir todas las funciones del cuartel, el aroma del cuarto era muy diferente a cualquier producto de aromatiaje, era demasiado dulce y, por último, aquel policía sonrió cuando me vio caer.
Selecciona aquí para acabar y descubrir quien es tu ruta.
Pisé a fondo el pedal y procuré que los nervios no me dominaran en mi accionar, si chocaba ahora ¿De que me sirvió entonces escapar?
Me tomó unos veinte minutos llegar hasta la estación. Bajé aturdida del coche y me planté en el recibidor; donde no encontré a nadie.
—¿Hola?—Ni un guardia, ni un recepcionista. No había nadie.—¿¡Disculpe!?
Para cuando comenzaba a perder los estribos, un joven salió por una puerta.
—Oh...—Dijo este sorprendido por mi presencia—Perdone, ¿Ha esperado mucho?
El chico, con el uniforme clásico de su oficio, era más que lindo, adorable. Su dulzura y suavidad al hablar borró el enfado que pudiera tener con la ineficencia del departamento.
—Yo...—Mi torpeza no se debía al hermoso policía, sino a la situación que no terminaba por superar.
—¿Se encuentra bien?—Preguntó, ahora más preocupado—¿Necesita ayuda?
—Intentaron secuestrarme—Dije perdida.
El chico, alguien que seguro atendía situaciones así a menudo, no se mostró muy sorprendido, pero si condescendiente.
—Le tomaré la denuncia ahora mismo, por favor, sígame.—No importaba lo que sucediera ahora, siempre y cuando pudiera estar junto a él. Luego de una situación así, permanecer con la máxima figura de seguridad en la sociedad era lo mínimo que necesitaba.
Lo seguí hasta una habitación pequeña y gris, con una mesa metálica y dos sillas a cada lado. Había también una computadora portátil; un pequeño estante en el rincón con carpeta en tonos azules y un reloj de pared que marcaba erróneamente la hora.
—Por favor, siéntese.—Le obedecí. Tomé lugar en frente de él, quien como primera acción se colocó un cubre bocas en el rostro.—En esta época del año uno es más propenso a enfermarse—Dijo al notar como lo miraba.
No le había cuestionado nada en absoluto, ni siquiera había reparado precisamente en lo que hacía, pero que me lo explicara me hacía sentir más cómoda con él.
—Ya veo.
—Muy bien—Dijo a la vez que levantaba la tapa del portátil—¿Puede relatarme lo que le ocurrió? No escatime en detalles.
Y entonces volví a temblar al recordarlo.
Las imágenes me sentaron peor al recordarlo por segunda vez, noté lo sensible que me encontraba cuando me sobresalté por un sonido de rociador.
—Tranquila, es solo el aromatizador.—Dijo con amabilidad. Busqué el artefacto y lo encontré sobre el estante, era el mismo que el que tenía en casa; aunque el aroma no era de los que conocía y yo aseguraba haber probado todos.—Por favor, comience.
—Oh, sí...
—¿Dónde ocurrió esto?
—En el supermercado, salía de hacer compras y...—Los ojos se me cerraron de una forma abrupta; como si acabara de amagar en dormirme.
—¿Cuál supermercado?—Preguntó mientras resonaba en el cuarto los ticks de su teclado.
—En...Yo... No lo recuerdo.—No podía recordar mucho en ese entonces...¿Qué se supone debía recordar?—¿Por qué estoy aquí...
El cuerpo entero se me ladeo a un costado y, de no ser por la rápida reacción del policía, me habría visto en el suelo.
¿Por qué había un policía ahí?
Cada vez me sentía más perdida y nauseabunda; completamente mareada. No era difícil suponer que acabaría por desmayarme.
En ese momento no lo pensé, pero había sido muy estúpida pues: Un solo policía no podía cumplir todas las funciones del cuartel, el aroma del cuarto era muy diferente a cualquier producto de aromatiaje, era demasiado dulce y, por último, aquel policía sonrió cuando me vio caer.
Selecciona aquí para acabar y descubrir quien es tu ruta.
Comentarios
Publicar un comentario