Abrir la puerta...
...Apenas comprobar que fuera sí había alguien, me aparté lo suficiente de la puerta para que esta pudiera abrirse; dejando al sujeto encapuchado justo en frente de mí.
—¿Hola?—Pregunté a la brevedad.
La reacción del sujeto me dejó en extremo perpleja, con la fiel idea de que abrirle fue una mala idea.
De un momento a otro, le tuve casi sobre mí; agarrándome del brazo firmemente, acción que impidió que retrocediera como bien me plantee hacer antes cuando este había dado un paso.
—¿¡No te había dicho que no debías abrirle la puerta a desconocidos!?—Vociferó risueño el encapuchado cuando yo me encontraba a punto de gritar.
—¿Min?—Cuestioné dudosa.
Aquella voz no es que fuera única, pero la oía tan a menudo que creía ser capaz de reconocerla.
Entonces, se quitó la capucha y bajó el cubre bocas que escondía su rostro; donde la sonrisa de Min, mi vecino, me tranquilizó el corazón.
...Por varios motivos...
—¿Estás sola?—Preguntó mientras le restaba importancia a lo que acababa de ocurrir.
—¿Es que eres tonto?—Yo, por otro lado, no le resté ninguna importancia.
Pero cuando este sonrió otra vez, no pude evitar imitarle. Aunque él no lo supiera, o actuara como que no sabía muy bien, yo le amaba demasiado como para molestarme con él.
¡Más aún si venía a mi casa!
—No, solo lo aparento muy bien—Bromeó—Sin embargo, te he dicho muchas veces que no deberías abrir la puerta sin saber quien es; mucho menos si estás sola.
Aunque mayormente intentara razonar con mi cabeza para que entendiera que Min simplemente era así de amable, cuando se preocupaba de ese modo por mí me entraban ganas locas de besarle.
—Sí, papá, lo tendré en cuenta la próxima vez—Respondí—¿Has venido porque...
—Vaya, hay que ver que tan mal te sienta mi presencia—Dijo a la vez que esbozaba una sonrisa de lo más pícara—Quería saber sí...
Y la luz se fue.
Todo quedó en penumbras tras apagarse cada bendita luz de mi casa,—Vaya...—Dijo el chico, mientras creía que miraba los focos de la entrada.
—Joder...
—No te da miedo la oscuridad, ¿O sí?—Preferí no responder, no creí que pudiera decir nada que resultara coherente en ese momento.—Pasó lo mismo en mi casa la semana pasada; déjame que busque mis herramientas y te lo soluciono.—Decía mientras ya se encaminaba hacia en frente, donde su casa estaba.
—Está... bien...—Pues tampoco tenía otra opción más que aceptarle, no aceptaría un no.
Pensé que los interruptores podrían haberse bajado tras subir la tensión o alguna de esas mamadas, pero la oscuridad también podría verse como una excusa perfecta para no cocinar; Así que miré la bombilla apagada mientras me decidía.
♦Revisar el interruptor.
♦Esperar en la oscuridad hasta que Min o mamá vuelvan.
—¿Hola?—Pregunté a la brevedad.
La reacción del sujeto me dejó en extremo perpleja, con la fiel idea de que abrirle fue una mala idea.
De un momento a otro, le tuve casi sobre mí; agarrándome del brazo firmemente, acción que impidió que retrocediera como bien me plantee hacer antes cuando este había dado un paso.
—¿¡No te había dicho que no debías abrirle la puerta a desconocidos!?—Vociferó risueño el encapuchado cuando yo me encontraba a punto de gritar.
—¿Min?—Cuestioné dudosa.
Aquella voz no es que fuera única, pero la oía tan a menudo que creía ser capaz de reconocerla.
Entonces, se quitó la capucha y bajó el cubre bocas que escondía su rostro; donde la sonrisa de Min, mi vecino, me tranquilizó el corazón.
...Por varios motivos...
—¿Estás sola?—Preguntó mientras le restaba importancia a lo que acababa de ocurrir.
—¿Es que eres tonto?—Yo, por otro lado, no le resté ninguna importancia.
Pero cuando este sonrió otra vez, no pude evitar imitarle. Aunque él no lo supiera, o actuara como que no sabía muy bien, yo le amaba demasiado como para molestarme con él.
¡Más aún si venía a mi casa!
—No, solo lo aparento muy bien—Bromeó—Sin embargo, te he dicho muchas veces que no deberías abrir la puerta sin saber quien es; mucho menos si estás sola.
Aunque mayormente intentara razonar con mi cabeza para que entendiera que Min simplemente era así de amable, cuando se preocupaba de ese modo por mí me entraban ganas locas de besarle.
—Sí, papá, lo tendré en cuenta la próxima vez—Respondí—¿Has venido porque...
—Vaya, hay que ver que tan mal te sienta mi presencia—Dijo a la vez que esbozaba una sonrisa de lo más pícara—Quería saber sí...
Y la luz se fue.
Todo quedó en penumbras tras apagarse cada bendita luz de mi casa,—Vaya...—Dijo el chico, mientras creía que miraba los focos de la entrada.
—Joder...
—No te da miedo la oscuridad, ¿O sí?—Preferí no responder, no creí que pudiera decir nada que resultara coherente en ese momento.—Pasó lo mismo en mi casa la semana pasada; déjame que busque mis herramientas y te lo soluciono.—Decía mientras ya se encaminaba hacia en frente, donde su casa estaba.
—Está... bien...—Pues tampoco tenía otra opción más que aceptarle, no aceptaría un no.
Pensé que los interruptores podrían haberse bajado tras subir la tensión o alguna de esas mamadas, pero la oscuridad también podría verse como una excusa perfecta para no cocinar; Así que miré la bombilla apagada mientras me decidía.
♦Revisar el interruptor.
♦Esperar en la oscuridad hasta que Min o mamá vuelvan.
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